El metabolismo de Huesitos

Fuimos a un chino donde comen chinos, pero esos chinos clientes y cocinillas, estaban de vacaciones todos.

Luego nos dirigimos hacia una sitio de ensaladas, pero nada, estaba llena la sala, la gente se embutía sobrasada, y ella empezaba a estar desesperada.

Caminamos de la mano cogidos ante dos fails en su mente. Paré un poco el ritmo y le dije con tono vehemente: no son fails, si estamos juntos, fail sería que nuestras manos no se estuvieran tocando bajo este sol caliente.

Entendió el tono, pero su hambre era mayor que mi momento épico. Su caminar era de correcaminos, su objetivo llegar, no-muerto. Podemos ir al sitio del otro día, así resolveremos este entuerto. Sus ojos y su caminar fibroso, entendieron la solución al momento.

Sentóse, me indicó y bajó al baño de forma subrepticia. Yo me quedé en el cielo, se despidió brevemente con un beso y una caricia. Pedí para los dos, la noticia era su andar de baile y su sonrisa. Esa foto que le saqué con una mirada de rendija.

 

Comió, y se relajó. Su momento quedó atrás.

 

Huesitos y su metabolismo

convierten cualquier momento en algo que merece ser vivido.

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