La camara que desenfocaba el mundo

Hace poco llegó a mis manos una cámara de pasional color rojo que antaño debió sacar fotos que quizá hoy quisiera ver o no, no lo sé. La visión de su objetivo destrozado por un golpazo dios sabe cómo ni cuando, no auguraba un funcionamiento correcto y efectivamente al comprobarlo vi como la cámara a no ser que adquiriese una óptica nueva desenfocaría la vida para siempre.

Momento inspirador: vida desenfocada siempre. Algo se percibe si te acercas lo suficiente. Son las sombras de la cueva de Platón con 2 megapíxeles de potencia. Entonces hago pruebas y veo mi mano, mal, pero la veo. Veo el mundo mal, pero lo veo. Son solo colores y círculos, pero los veo. Veo la pantalla de ordenador como la de un auto-cine de verano en la que las parejas no ven nada por el vaho de las ventanas de sus coches. Veo la luz de mi flexo de escritor underground y ahí sí veo bien su forma redonda bajo la negrura espesa de la noche que atrapa a todos aquellos búhos para los que el mundo empieza a las doce de la noche. La luz de mi flexo marca la idea enfocada de mi vida cuando más desenfocada estuvo.

Veo metáforas en cada una de las tomas de esta cámara por fuera impoluta que me hacen pensar en lo gilipollas que somos los seres humanos por no enfocar bien la vida pudiendo cambiar de objetivo tras los golpazos que nos dejan sin visión. No ajustamos el objetivo, nos creemos que la cámara jamás tendrá más uso, somos vagos con ir a arreglarla, somos vagos para resolver nuestra vida, para decidir en un momento dado que ya basta de existencias borrosas, de personas que nos obturan el diafragma, de objetivos que no giran porque alguien pone su puta mano aposta mientras que nosotros no lo vemos o no queremos verlo. Decidimos hacer fotos absurdas en lugares absurdos donde no somos felices y la cámara se nos cae, claro, o nos la tiran, nos la tiran a veces a la cara, haciéndonos daño y no reaccionamos. La cámara funcionará cada vez peor, igual que el fotógrafo de tu vida, que está en ti, pidiendo que saques momentos que merecen la pena, sin hacerle tú ni puto caso.

Al final esta cámara, realmente no sé si tendrá solución real, más allá de la sustitución de este grupo de lentes, tuercas, engranajes y anclajes que parecen haber recibido en un simple golpe la descarga de mil tormentas. Pero sí me quedo con ese momento donde atisbo que el flexo es más de lo que podría ser, con ese momento en donde quizá pulsar el botón de una pantalla táctil para comenzar un viaje pueda cambiarte una vida desenfocada por otra en donde la resolución, la calidad, la viveza de los colores, los movimientos, la nitidez y los contrastes tengan tanta vida que disfrutarás en todo momento con tu nueva cámara, la que siempre estuvo en ti y con el fotógrafo de tus adentros, aquel que tenía y siempre tendrá claro cómo debería ser el álbum de fotos de tu paso por el mundo.

Deja una respuesta