Le petit comité

Somos le petit comité, tú y yo, y nadie más. Hablamos de forma secreta el lenguaje de los superheroes, nos susurramos al oído maravillas que solo nosotros entendemos. Nos dormimos abrazados en la gloria de Star Trek mientras nuestras ropas retro se unen con electricidad estática de forma irremisible bajo la sombra de un hombre que quería volar y un día voló y regresó y jamás se sabrá donde fue, pero nosotros lo imaginamos primero.

Somos le petit comité, tú y yo y nadie más. Nos tocamos como nunca nadie nos había tocado y como nunca habíamos tocado a nadie. Somos super imanes de un mundo que esperaba una atracción como la nuestra, un sistema de dos estrellas que gira y rota en el vals del universo, cuatro ojos que se hablan sin pronunciar palabra y se dicen de todo y ese de todo es la verdad y de repente hay un estallido con mucha luz y se para el flujo de información de esta dimensión, multiplicando por tres el tiempo y haciendo que los señores de los relojes hagan todos al unísono una comprobación sacándose nuestros relojes de sus inmensos bolsillos y dando dos leves toquecitos a ver si es cierto que lo que hacemos es real. Y lo es.

Le petit comité es algo grande, empieza en un pájaro azul en un singular festival de coincidencias del destino que desembocan en un tornado digno de un expediente X que siempre se quiso encontrar y resolver. Un expediente subrepticio lleno de cactus encantadores, gafas de pasta y planos simétricos de Wes Anderson. Somos la fuente de la vida del frikismo y nos sentimos hércules cuando nos hacemos camino en un acercamiento que es más potente que cien mil pirámides juntas emitiendo quien sabe qué al cosmos.

Eso somos y eso seremos. Encontrar una vida a tu lado, seguir con ese pio-pio que empezó aquel día y que gracias a un coraje excepcional por parte de ambos hemos logrado mantener, multiplicar, disfrutar y potenciar, colonizando planetas de deseo antes inalcanzables y siendo asteroides que surcan el espacio de la mano.

Y cuando de repente un asteroide mira a otro volando a toda velocidad y ve que no está solo en la infinita negrura que los rodea y se acerca en un momento y le susurra al oído ese apelativo cariñoso que significa todo para nosotros, podémos tener bien presente que nuestro viaje no será en balde, que todo lo que hacemos en petit comité vale la pena y que nuestro rastro algún día será visto por alguien que también se estará enamorando con su propio pio-pio en algún punto del universo.

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