Los años locos de Triki

Triki, el monstruo de las galletas, es uno de los muñecos más acojonantes y perturbadores del mundo y merecía post en Metrónico.

Hay que empezar por lo obvio. Su poli-adicción a las galletas es preocupante y su actitud es de auténtico yonki, simpático, pero yonki. Tiene esa ansiedad enfermiza que hace que si algún día, de repente, Triki se queda sin galletas en casa y no tenga dinero sea capaz de cualquier cosa para conseguirlo, incluido atracar, o robar navaja en mano. Y que te atraque Triki debe ser humillante y peligroso a la vez. Querrá galletas, tú no las llevarás y él estará jodidamente nervioso.

Empecemos por su aspecto. Nadie sabe qué tipo de animal es Triki. No se le puede identificar con un oso, un conejo o un perro, arquetipos básicos. Es indeterminado. Triki es triki, su padre era un bicho azul de difícil origen y su madre también. No concibo polvo más personaje que el de papá y mama triki.

Por cierto, jamás, que yo recuerde, se han visto hermanos de Triki. Es suficiente con tener uno en la vida. Su aspecto es, como decíamos, tremendo, tiene una boca enorme desprovista de dientes, todo un detalle por parte de la naturaleza freak de triki, porque imaginárselo con dientes nos llevaría a pensar en parentescos grotescos con otros bichos de gran peligro y frikismo extremo: los putos critters.

Los ojos de Triki son grandes, saltones y locuelos. No controla sus pupilas desde hace más de 40 años por la gran acumulación de glucosa ante su ingesta masiva de galletas. Triki, como buen yonki que es, solo gusta de interesarse por las galletas, no le interesó jamás estudiar. Sus frases no usan tiempos verbales, es muy de «¡Yo querer galleta!», «¡Yo comer galleta!» y estilo así salvaje con infinitivos. Le importa una mierda la vida.

Otra cosa a reseñar es su voz, habla como un marinero de taberna realmente catacroker. Su voz es cazallera, es decir, para digerir todo el galleteo, triki debe gustar de ponerse ciego de Magno, como los albañiles ex-convictos de Madrid a las 11 de la mañana en esas obras mal acabadas de Fachardón.

Se sabe que Triki es muy adicto a las galletas de chocolate por su extra de glucosa y por las de avena, es decir, de entre toda la gran cantidad de galletas que se ha metido, prefiere pillar sólo esos dos tipos de dronja.

Algo interesante. Los datos de su vida anterior a convertirse en yonki van poco a poco saliendo a la luz. En el año 2004 nuestro amigo azul salió cantando en una canción en la que explica que antes de haber probado su primera galleta y por tanto antes de haberse metido en esa chusca espiral de policonsumo, él cree que se llamaba Sid. Es que ojo a la información. Triki cree que antes se llamaba Sid, pero no se acuerda muy bien, tal es su adicción. Ni de su nombre anterior se acuerda. Solo sabe que aquella primera galleta cambió su vida, tuvo incluso que cambiar de nombre para pillar y se quedó con ese nombre.

Y luego las cosas turbias. Se ve que en el año 2006 Triki, después de haber paseado su adicción por las televisiones de todo el mundo durante más de 40 años, salió cantando que las galletas eran «un aperitivo ocasional» en un numerito en la televisión americana en el que se trataban los buenos hábitos alimenticios para los niños. Qué puta mentira. Te vendiste Triki. Debieron prometerte mucha droga galletil para que salieses vendiendo tamaña mentira. Se ve que consiguieron convencer a Triki a base de galletas corruptas de cambiar el chip yonki porque los niños de ahora tienen mayor tendencia a enyonkizarse rápidamente y las ansias de Triki la verdad es que consiguen llegar. Triki, te pasaste cuarenta putos años metiéndote galletas y galletas a muerte, ahora no nos vengas con milongas.

En 2007, en su aparición en el programa de televisión de Martha Stewart, el monstruo de las galletas explicó su nueva filosofía, consistente en que «…las galletas son un alimento ocasional». De hecho, el 19 de junio de 2008, apareció en el programa The Colbert Report, y allí el monstruo de las galletas explicó otra vez lo mismo y con las mismas palabras. Colbert le preguntó muy agitado la razón por la cual el Monstruo de las Galletas había «abandonado su política pro-galletas», y que relación había entre esto y que las frutas se hubiesen convertido en el refrigerio favorito de los niños americanos, según un estudio que Colbert había escuchado. El Monstruo de las Galletas afirmó que vivió unos «años locos» durante los 70 y los 80, apodándose a sí mismo como el «Robert Downey Jr. de las galletas» en directo.

El Robert Downey Jr. de las galletas, señoras y señores. Tremenda autoconfesión. Tremenda realidad. No van a encontrar hoy una descripción más exacta de nadie que conozcan desde la niñez.

 

 

 

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