Chiribitas ciclopentánicas

Brutal, chiribitas, fabuloso, fotosíntesis, ciclopentano-perhidrofenantreno, y esos putos colchones viscolásticos. Palabras acojonantes que vienen a mi mente como cometas estrellándose en planetas, como miles de mecheros encendiéndose en conciertos ochenteros de depeche mode en donde todo era más auténtico.

Vienen a mi mente palabras que me gustan, como huesitos, mi novia y aquella chocolatina con su propio club, como clavicordio, instrumento que un día oí en una orquesta llena de gente de bien que en verdad eran gente de muy mal, y también me viene muchedumbre, y me acuerdo de ir al vicente calderón cuando no me importaba que los dirigentes fuesen unos ladrones. Me acuerdo de las palabras majestuoso y del mix inclemencias-meteorológicas, palabras tremendas, como dichoso, amortiguador, escalopendra, papanatas, botarate, sortilegio, birli-birloque, y de repente aparecen pepi, lucy, bom y otras chicas del montón en una escena de dudoso gusto que encima fue de verdad.

Mi cerebro bulle de frikismo y aparecen palabras apacibles y resplandecientes, como apacible y resplandeciente y como odisea, virtualidad, Budapest, contemporáneo, modernista y colosal. Palabras sencillas y perfectas que evocan grandes historias como joya, mapa, cueva, o pirámide, que evocan grandes historias de amor como expreso, embajada, camarote, hotel y rojo. Preciosidades con letras escritas por alguien que desea con todo su corazón que nunca paren de aparecer esas palabras en su vida.

A las palabras se las lleva el viento, pero depende, porque hay algunas que son tan buenas que se pegan como lapas a ti y jamás te abandonan. Cada uno tiene las suyas y siempre gusta recordar aquellas que van con nosotros.

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