Tus cordones y el tren de la bruja

Superaste aquel trauma gracias a que tuviste otro aún mayor.

¿Pero lo superaste o te superó él a ti y tú sólo seguiste viviendo?

¿Te atas los cordones de los zapatos bien o simplemente te los atas y los escondes?

A veces ocurren asuntos que jamás se cierran bien. Te tropiezas cuando te pisas o te pisan esos cordones y es culpa tuya el hecho de no haber tensado más esas fibras cuando debías. Quizá no era el momento de aprender nuevos nudos. Valía el de siempre. Pero nuestros pies ya no son los de siempre. Caminan muchos kilómetros en muchas direcciones y no todos los nudos de cordones valen para todos los caminos y direcciones. No cambiaste ni de nudos, ni de zapatillas y ahora te duelen los pies al andar.

Superaste aquel trauma gracias a que tuviste otro aún mayor.

Y no te quieres acordar de aquello porque ya eres fuerte. Lo eres.

Pero eres fuerte a base de palos, te has hecho fuerte con ellos.  De hecho, son ellos los que te han hecho así. Pero tú tenías que haber visto desde lejos a esos palos de antaño. De pequeño sabías por donde iba a aparecer aquel truhán vestido de bruja de aquel infame tren de la bruja pero a ti siempre te sorprendía que estuviese ahí. Caminas entre traumas, cordones mal abrochados, y antiguos nudos sin saber exactamente que te vas a montar en otro tren de la bruja si no te pones las gafas del topo, si no te enteras de una vez de qué han ido y por qué han ocurrido los palos de tu jodida vida.

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