La silla de playa de tu microplaneta

En la vida hay momentos en los que no tienes ni puta idea de nada y no es culpa tuya. Tú lo tienes claro. Pero no sabes qué es lo que pasa a tu alrededor. Te es imposible verlo, por mucho que pretendas descubrirlo.

Y eso te afectará para bien o para mal. Tu vida a veces y con cosas muy determinadas depende de decisiones de otros.

Y no puedes hacer nada, y te jode admitirlo.

Y te limitas a esperar como un gilipollas. Y te ves a ti mismo como a un personaje  sombrío en una silla de playa en un microplaneta. Ahí,  esperando. O mirando al cielo. O a tu móvil. O al correo. Y nada te llega porque nadie quiere expresarte nada o no les importas lo suficiente. Y tú sigues mirando, esperando escudriñar o cambiar la respuesta del cosmos de otras personas, sin poder hacerlo.

Te limitas a esperar a que el mundo te de respuestas y te cansas de la falta de esas respuestas y a veces te cansas de la forma de proceder de quien te tiene que dar esas respuestas. Y te tienes que callar porque aunque tú nunca harías las cosas así, tienes que respetar que quizá otros sí. Y lo haces porque juegas en su juego.

Y de repente una estrella fugaz del planeta incógnita marca el inicio de un mecanismo que te lleva a flotar fuera de tu minimundo. Y te sientes solo. Todo es negro. Pero por lo menos no estás esperando y sabes que algún día caerás en la órbita de otro microplaneta con su minigravedad. Y tú esperas que ese siguiente microplaneta no esté habitado por hijos de la gran puta que hayan sido colocados por los señores de los relojes, ahí, para joderte.

Y entonces tendrás que intentar vivir tu vida o si te ves así otra vez, buscarte otra puta silla de playa con la que mirar al cielo, a tu correo, o a tu móvil.

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