Simbiontes croquetiles

Ese momento en el que apenas levantas un párpado.

Llevas ya unos minutos semi-insconciente. No está ella entre tus brazos y necesitas que esté. Es la primera vez que te pasa. En el devenir inconsciente del sueño vuestros cuerpos se han separado 10 cm más de la cuenta y ya se echan de menos. En cuanto pones el pie en la tierra de los despiertos vas a abrazarla, vas porque además ella también se ha despertado en el mismo momento que tú y te ha buscado con la mano sin encontrarte y necesita que estés allí con ella. Os atraéis como dos imanes en el centro del polo norte magnético.

Casi te abalanzas con la fuerza de un tren hacia ella. La abrazas desde detrás, te enganchas a su espalda con delicadeza pero también firmeza. La tuya. Eres una pulga que no quiere desprenderse de su huésped. Eres su pulga, y ella tu huésped. Sois simbiontes, sois el amor croquetil porque si ella se mueve, tú vas detrás.

Ese momento en el que apenas levantas un parpado y vas a por ella. Es lo primero que haces en ese día y es lo mejor que has hecho en una larguísima serie de días de tu vida que no valen nada al lado de ese momento.

Necesidad de que quinientos kilómetros se conviertan en 10 centímetros al despertar. Como mucho.

 

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