Brindar con agua pura

Cachitos de filete y encima, cachitos de patata, y atónito, contemplo como te has montado un numerito encantador de repente y no sé como explicarlo pero me dan ganas de comerte.

Antes de conocer a huesitos la bruma era el capitán de mi equipo de fútbol, la muerte era el símbolo de mi barco y el accidente era mi destino. Naufragaba por doquier en mil cosas por mis propios errores, por mi propia infravida, por aguantar demasiado a gente demasiado hija de puta. Quizá por huir hacia adelante demasiadas veces, siendo ese «adelante» una inmensa piscina llena del peor de los fangos. Pero a veces, hay que pasar por el puto fango y saber lo que es para disfrutar de un agua pura y perfecta cuando estás en el futuro. Para saber lo que es bueno en la vida y lo que no.

Es coger experiencia, mucha, de hecho. Valió la pena aprender. Ahora disfruto de esas escenas de huesitos y de sus cachitos de filete con sus mini cachitos de patata y lo demás no existe y todo es inferior. Ahora vivo momentos así a diario. La vida sigue. Y brindo por ella con un vaso de agua pura.

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