La realidad oficial que me espera

No sabemos lo que es el espacio ni lo que es el tiempo.

No sabemos lo que hay entre los espacios, ni exactamente qué es lo que rellena lo que llamamos dos puntos diferentes del segundero de nuestras vidas.

La indefinición lo es todo. El presente no existe, porque joder, ya no es presente, es pasado. El futuro no existe porque mira, ya estamos en el futuro, lo estamos constantemente. El tiempo es una tomadura de pelo.

Por eso soñar es tan bonito y tan inocente. No sabemos qué futuro nos vendrá; si está ya predefinido y todo es un montaje hasta llegar inevitablemente allí, entonces soñar es nuestro único acto de libertad real. Si todo es indefinido y hacemos el futuro a cada puto segundo sin saber lo que es un segundo, entonces soñar sólo es el deseo de materializar uno de los infinitos universos paralelos que hay.

Ultimamente sueño universos paralelos en donde no estoy donde estoy ahora. Sueño con futuros en donde estoy más feliz que ahora. Sueño una vida más a añadir a la lista de vidas de mi propia vida. Y quiero que el tiempo, el que no controlo, el espacio, al que añoro poseer, las dimensiones, la rueda del samsara y la madre que los parió a todos, me den la oportunidad, esta vez sí, de cumplir mi sueño.

Ese universo paralelo que no sea paralelo, que sea la realidad oficial que me espera. Si no les parece mal a los señores de los relojes, claro.

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