La vida existe

Leí aquello. Fue solo un comentario. Letras escritas. Una detrás de otra. Unos y ceros viajando desde tu ordenador al mío. Podrías no haberlo hecho. Nadie te obligó. Aún me sorprende la cantidad de causa/casualidades que hicieron que aquello pasara. Pararía el tiempo en mis iris desplazándose por aquella tipografía. Esa sensación, imposible de repetirse.

Fue como si saliese una mano de mi pantalla, me soltase un guantazo, el último, y después una caricia larga y aquella mano llorase conmigo largo rato y me consolase por última puta vez y luego apareciese un mensaje en mi cerebro diciendo: la vida existe.

Antes del guantazo vivía una muertenvida, como muchos hombres perdidos. Estaba aislado en mí mismo, salvado por mi soledad interior, pero excesivamente frágil en una previsión a corto plazo. Era un vaso de cristal en el borde de un precipicio de la falla de San Andrés que se había salvado demasiadas veces porque mi vidrio es extramadamente resistente. Pero era un vaso y como tal, en aquellas circunstancias me iba a romper. Seguro.

Aquellos benditos unos y ceros quizá me salvaron la vida. Fue como dibujar el dedo de dios de la capilla sixtina y darse cuenta de lo bien que quedó, como concebir el bote de tomate de Warhol, el satisfaction de los rolling y los bailecillos de Betty Boop, todo en uno. Nadie en el mundo pudo haberlo entendido como yo. Era un mensaje exclusivamente para mí. Para mi ilusión. Para enterarme de una puta vez que no todo en mi vida iba a ser una sucesión infinita con factores «k» de progresión geométrica basados en hombres y mujeres nacidos para el mal apareciendo en mi vida para romperme las vértebras a disgustos.  Era un mensaje para cortar esa progresión infernal. Para honrar mi resistencia. Era el mensaje que me merecía desde hacía tanto tiempo que no me extraña que llorase al verlo.

Ella nunca lo sabrá, y quizá jamás se lo diga. Pero aquel comentario, inocente, vivaracho, aparentemente inocuo y breve, me hizo despertar a una vida que existía, sigue existiendo y que desde luego es el motivo para luchar día a día por mi lugar en el mundo. Hoy lo veo así, y es de verdad, un privilegio. La vida existe donde antes siempre había conocido a la muerte. Mis vértebras aguantan.

Aún sigo sorprendido. Resulta que la vida existe.

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