Algo tan tonto como es el agua

Recuerdo cómo, siendo pequeño alguna vez me llevaron a un parque acuático en el que monté en decenas de atracciones personajas. No me faltaba energía para tirarme sin parar en mil sitios, en miles de rampas en donde siempre era divertido, en donde siempre me esperaba un deseo de repetir.

Quizá entrar en el cielo sea esa sensación tan pura y refrescante de bajar a toda velocidad sobre algo tan tonto como el agua.

En aquel parque acuático también había una puta atracción diseñada por el demonio que se llamada el kamikaze. Peligrosísima y absurda en su concepción y diseño. Se me llenaron los ojos de agua, temí caer y abrirme la cabeza y la espalda. No fue nada divertido. Me mareé. Lo pasé fatal.

Quizá entrar en el infierno sea esa sensación tan desgraciada de irse quedando ciego por algo tan tonto como el agua.

Sabes lo que es el cielo.

Sabes lo que es el infierno.

Y no te das cuenta de nada.

Cuando eres mayor, vives aventuras, vives con personas, vives y mueres y renaces con los palos, te duchas y no es la misma ducha la que te das en aquella situación que la que te das en ésta. Lo suyo sería buscar la ducha correcta siempre, pero se puede tardar décadas hasta que te la das.

Nunca dejes de buscar la ducha perfecta, esa en la que al salir sabes que no vas a discutir con nadie mientras que te secas de algo tan tonto como es el agua.

 

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