La bañera en la que navegas en silencio

Hay silencios que son necesarios, necesitas tenerlos para ti, por ti, porque sí.

Hay silencios que unos tienen mientras otros quieren hablar. No les queda más remedio que respetarlo. Si no lo haces, si no lo hacen, a ti por entero, no te respetan, o tú no les respetas a ellos.

Hay silencios en situaciones que hieren, que matan ideas, sentimientos y emociones y crean tsunamis. Hay tsunamis que parten de silencios y cuando ocurren uno vuelve a ese silencio y da gracias por haberlo tenido por primera vez.

También hay silencios que es mejor guardar por precaución.

Y silencios que se hacen cuando se acaba la precaución y son preámbulo de acciones de valor.

Hay tremendos silencios institucionales, silencios en donde no eres nadie, silencios en los que lo eres todo y no necesitas que nadie se acerque, ni siquiera piense a tu alrededor porque te molesta y te jode tu flujo mental con el suyo.

Existe ese silencio brutal de toda una población ante una injusticia y un silencio descorazonador de unos padres que no saben qué decirles a sus hijos. Silencio entre personas que se odian. Silencio entre los que más se quieren. Silencio entre los que no se conocen pero podrían, pero siguen guardando silencio y eso crea conversaciones en tu propio silencio que te hacen sin duda, más interesante.

De todos ellos se puede sacar una enseñanza siempre, están por algo, son ineludibles, deben ocurrir como paso para seguir aprendiendo. Te pase a ti o les pase a los demás. Son necesarios. No tienen  por qué ser por una razón en especial. Existen y son necesarios.

Hay miles de silencios. Cuando tengas uno, disfruta de él, en la medida de lo posible en tu propio templo, tu propia bañera en la que navegas diciéndole nada a nadie.

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