Niño 3000

El tallarinesco brazo de niño 3000 se alargó con miedo hasta tocar el vientre trifásico de su madre, deseosa de cortar por lo sano aquella conversación con la bestia.

La espera había merecido la pena en aquella gruta a la que acudían los que querían pedir un deseo en Asan Ralet, el planeta inundado.

La mamá salió casi corriendo con niño 3000. Debía encontrar antes del anochecer diez piedras de raro olivino rojo y llevárselas a la bestia que aguardaba drogada y tumbada.

Niño 3000 dudó. ¿Por qué mamá eligió aquel deseo? ¿Por qué no quiso quitarme la ceguera?

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