Tildes, barbas y bonsáis

bonsais_01_pegatinas-rc72e4e71f24b46a1b38ac992fc0890f7_v9wth_8byvr_5122

Los experimentos, con gaseosa. ¿Pero cuál es la gaseosa de mi barba?

Un día te la dejas porque te da el venazo, porque de repente sacas cojones y lo haces.

Pica y te la quitas, pero te gusta y te la vuelves a dejar. Te la quitas. Calor.

Te pica la curiosidad. Ahí vuelve.

Y comienza a crecer y tienes que cuidarla como un bonsái. Y no sabes cuidar putos bonsáis.

Y te vas a por tijeras de bonsái. Llegas a la tienda y te fijas en que bonsái lleva tilde.

Y compras unas malas de los chinos que son una basura.

Las pruebas y no sirven. Tampoco las de la cocina.

Y te compras unas profesionales. De bonsáis. De peluquería.

Y tienes que cortar lo que crece más rápido y mal para que tu barba quede equilibrada.

Y tienes que pasar de esas jodidas canas que aparecen de forma infame sin avisar.

Y tienes que intentar ver qué se adecua mejor a la forma de tu cara.

Y te miras al espejo de verdad por primera vez en años.

Tu vida es tu puta barba. Y nunca has cuidado de tus tildes.

Y no te das cuenta de que también necesita que cortes los desequilibrios.

Lo mismo llega un día en el que te das cuenta de que necesitas unas tijeras buenas de bonsáis.

 

Topos con gafas

1096231.1.high

Estudiaste para ser eso en un país en el que nadie quiere que seas nada.

Trabajaste por dinero en un sistema en el que nadie quiere que lo tengas.

Viviste aquel infierno porque se suponía que algún día podría convertirse en cielo.

Pasaste por la vida preguntándote qué hostias hacías en esas situaciones que ya se veía que te iban a joder.

Pero tú no viste nada. Nadie lo hace.

Porque todos somos topos de nuestro destino.

No vemos nada de lo que nos viene. No cambiamos de dirección. Escarbamos en dirección al campo de minas.

Y nos da igual.

Pero un día de repente, recuperas un momento el aire.

Y te das cuenta de que siempre te das cuenta tarde

Y miras tus manos y sabes que no aprendes jamás. Pasan los años. No son manos de niño.

Y sabes que deberías pararte a vivir un puto segundo al menos, y mirar si esto es lo que quieres de verdad.

Y te faltan cojones para hacerlo.

Pero algo dentro de ti algún día estallará. Y le pondrás gafas al topo casi ciego.

Y dirás, ya era hora, joder.

Y el topo con gafas se largará de su vida miserable, lejos de la muerte del bosque.

Eso es lo que pasará.

 

 

Rainbow Road

Mario_Kart__s_Rainbow_Road_by_JayJaxon

La vida es como Rainbow Road, la última fase de la copa estrella de todos los Mario Kart.

Arrancas y te deleitas con todos los colores del arco iris, con todas las posibilidades de la vida.
Pero no sabes conducir.
Empiezan las curvas y vas viendo que cada vez son más difíciles de sortear.
Son tus problemas esperándote.
Caes, vuelves al circuito, caes, vuelves al circuito. No hay barreras, ni piedad.
Es tu paciencia y tu templanza lo que te mantiene en carrera.
Consigues nuevos items para ti, a veces sirven para algo, otras veces no.
Sigue siendo divertido pero ya no eres inocente.
Caes.
A todos les pasa lo que a ti y lo ves, pero nunca es consuelo, y si lo es, eres un gilipollas.
Pero no lo eres.
Sabes que esa última fase de la copa estrella es cabrona, y siempre lo fue, pero sigues adelante.
La vida es como Rainbow Road, porque puedes coger mucha velocidad
pero tienes que ser muy preciso para girar porque sino te espera el abismo.
Y sabes que en un videojuego, una puta tortuga en una nube siempre te devuelve al circuito con su caña de pescar.
Y sabes que en la vida real, esa caña no existe y alguien se hizo una sopa indigesta con esa puta tortuga.
Y cuando te das cuenta de eso, eres tú el que tienes que subir al circuito por tu propia cuenta y no es fácil.
Y cuando vuelves a la carrera, vuelves sabiendo que eres tú quien ha de salvarse a sí mismo. Sólo tú.
Corres y adelantas posiciones para conseguir un objetivo, ganar, pero no te paras a pensar qué es ganar.
No te paras a pensar.
No te paras.
Pues párate a pensar.