El primer chute de Triky

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No puedo resistir la tentación de ver de vez en cuando algo de la brutal vida de Triky, el monstruo de las galletas. Es un ser demasiado cómico como para no hacerlo. Su droga dura es el galleteo, ponerse hasta arriba de galletas, dedicarle canciones, dedicar su vida a ese gluten sin par. Pero todo esto debió empezar en algún momento de su vida, y hoy quiero rescatar el vídeo de su primer endrogue.

Ojo a lo siguiente:

1. Era tan inocente Triky ANTES de que su madre le trajera la dronga…
2. Pero le dura poco. Triky es un monstruo ansioso y cuando entra la PERSONAJA de su madre ya está tirando cosas.
3. La madre de Triky disfruta de la reacción de su hijo. Ya hay uno más en la secta.
4. Las escenas de brutalidad galletil se suceden con la tremenda canción en versión original.
5. Hay violencia en cada ataque galleto.
6. Perturban los pendientes de mamá triky.
7. Triky nada más probar una, está claro que ya va a dedicar su vida a meterse gluten.
8. Llega un momento en el que todo es como insano.
9. Mamá Triky se desmaya ante el saque de Triky.
10. Es el ambiente, es todo el ambiente de la escena.

Triky y su familia. Mejor no te los encuentres en el apocalipsis.

Hojitas verdes

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Las dos orejas puntiagudas como hojitas verdes

y los dos puntos sobre piel blanca como las dunas del desierto vía satélite.

Las cortinas hacen un efecto óptico colosal frente a mi cama 

y vuelvo a mi normalidad vital, a las bajas pulsaciones de mi querido fin de semana.

Bajo manta de chip y chop y billete de avión antiguo en mano,

declaro orejas y puntos como lo más bonito para este ser marciano.

Quemar o mojar

La paciencia es la mecha de un explosivo que tienes en el cerebro. A veces se enciende o te la encienden, y se consume. Otras la mojas o te la mojan y se queda como está. Mientras piensas en mojar o en quemar,  mientras te la mojan o te la queman, tú esperas saber cuánto queda hasta llegar al explosivo. Todo lo que ocurre entre medias, algunos lo llaman “vida”.

La dulce y rica demencia

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Doble o nada, apártate nada,  los maravillosos ciento uno, mas tarde y menos nunca, oigo el croar angosto de las ranas en el atardecer húmedo de ese planeta del que algún día escribiré, la mirada entre las rocas, la peculiar chica freak de la parada de los monstruos y su risa, la caja de música con la llave azul de Lynch, la utópica bolsa amarilla y que alguien te llame reptiliano porque está como un cencerro. Vida al límite de la dulce y rica demencia genial.

Hoy me marcho a Italia tres veces en mi mente loquer, y lo escribo mientras ella me mira en su foto y espero “su tea time”  escuchando la música del F-Zero, mirando cómo mi toldo es un nido de avispas lelas añorando la creciente luna que está por venir, y mientras tanto, paro el mundo y cazo alfileres de ropa besando mis propias muñecas y suspirando no perderme menos dedos de pelo largo. Vida al límite de la dulce y rica demencia total.

Soy cuatro pilas deseando una game boy, un brujo con un sello de su real majestad sientiendome que soy ese post-it que no se cae aunque tenga la ventana de las avispas abierta y a éstas les encante tu música de 8 bits mientras sueñan con ser ranas vestidas de látex, como en el juego de Kamiya. Mi mente viaja más deprisa de lo que me dejan en Matrix. Vida al límite de la dulce y rica demencia sin final.