Lagrimica flotante sin salir

Deseé cambiar de ciudad, deseé irme tras ella y no volver a la mía.

Deseé con muchísima fuerza que aquel avión tuviese el nombre del mío o el mío del suyo.

Deseé no haber dicho, «me quedo aquí» en la cola, y deseé llegar al día en el que no hubiese colas que nos separasen si no que nos uniesen para entrar en el mismo avión y el mismo destino.

El momento de esa última mirada y esa preciosa sonrisa que congela todos los universos paralelos a la vez.

El momento en el que ambos sabemos que ya no miramos para atrás y nuestras direcciones hacen el ángulo recto de la curvatura de un corazón cuando ambos brazos se juntan de forma simétrica justo en el centro. seguir leyendo