La realidad oficial que me espera

No sabemos lo que es el espacio ni lo que es el tiempo.

No sabemos lo que hay entre los espacios, ni exactamente qué es lo que rellena lo que llamamos dos puntos diferentes del segundero de nuestras vidas.

La indefinición lo es todo. El presente no existe, porque joder, ya no es presente, es pasado. El futuro no existe porque mira, ya estamos en el futuro, lo estamos constantemente. El tiempo es una tomadura de pelo.

Por eso soñar es tan bonito y tan inocente. No sabemos qué futuro nos vendrá; si está ya predefinido y todo es un montaje hasta llegar inevitablemente allí, entonces soñar es nuestro único acto de libertad real. Si todo es indefinido y hacemos el futuro a cada puto segundo sin saber lo que es un segundo, entonces soñar sólo es el deseo de materializar uno de los infinitos universos paralelos que hay. seguir leyendo