Tal cual y tal para cual

Veía como el tiempo pasaba sin encontrar mi para cual. Yo era ese tal que no encontraba su para cual y no creía ni siquiera que existiera. Pensé que quizá en otro espacio o en otro tiempo estaría allí, pensando en si yo existía o simplemente llevando una vida sin mí, su para cual, o con un falso para cual, un gilipollas que estaría usurpando mi lugar sin saberlo ninguno de los dos, ni él ni yo.

El gilipollas no lo sabría -pensaba- pero seguro que yo, el para cual auténtico de aquella increíble mujer, la valoraría y la querría muchísimo más que él, aunque fuese con un laísmo asco-madrileño que la pusiese enferma. Él no tendría ni idea de lo que estaría entre sus brazos, ni sabría besarla como ella merece. No la cuidaría. No se preocuparía por ella. La despreciaría. Él ni siquiera se acostaría con ella queriéndola de verdad, ni fliparía con las interacciones moleculares de unos labios tocándose con otros. No lo haría porque no era su para cual y nunca lo sería. seguir leyendo